
Santo Domingo.– Amplios sectores políticos y sociales coinciden en que solo dos funcionarios actuaron de manera correcta, responsable y coherente cuando se confirmó que el secretario general del PRM en Dajabón, Francisco Pacheco, alias “Chanchy”, había golpeado brutalmente a su esposa y madre de sus hijos la diputada del PRM Daritza Zapata.
Se trata de la asesora del presidente Luis Abinader Corona, Angelita Peña, quien condenó públicamente el hecho, y del entonces director general de Aduanas, Eduardo Sanz Lovatón, quien procedió a cancelar de la institución a Pacheco tras confirmarse la agresión y acto de violencia.
Fuera de esas dos acciones puntuales, el resto de la dirigencia del Partido Revolucionario Moderno optó por la indiferencia, el silencio y la protección política, a pesar de que el caso trascendió públicamente y de que el agresor Pacheco llegó incluso a ser apresado, procesado y condenado en los tribunales.
Analistas sostienen que si el PRM hubiese actuado de inmediato con una sanción ejemplar, hoy esa organización no estaría bajo fuego cruzado ni enfrentando un severo cuestionamiento moral ante la sociedad dominicana, por las actuaciones de un miembro de ese partido.
El costo de esa omisión se refleja ahora, cuando el mismo Francisco Pacheco, alias “Chanchy”, ha sido señalado por un nuevo y grave hecho de violencia internacional: agresión verbal, agresión física y tentativa de homicidio en Madrid, España, contra el periodista y empresario de la comunicación Salvador Holguín, un hecho que ha sido repudiado por todos los sectores de la sociedad dominicana y fuera del país.
Sectores periodísticos y políticos subrayan que este patrón de conducta violenta no nació en Madrid, sino que viene arrastrándose desde hace años, sin que el partido PRM tomara decisiones firmes para cortar de raíz ese comportamiento.
“La inacción de ayer es el escándalo de hoy”, coinciden voces críticas, al advertir que proteger agresores termina manchando de sangre la imagen de toda una organización partidaria.
Finalmente, se insiste en que el PRM aún está a tiempo de enviar un mensaje claro al país: quien golpea a una mujer, quien ejerce violencia y quien amenaza y atenta contra la vidas de un periodista, no puede tener espacio en un partido que dice defender el cambio, la ética y la decencia.


