
Santo Domingo. — La reciente designación de Magín Díaz como Ministro de Hacienda por el presidente Luis Abinader ha generado reacciones encontradas y ha despertado una creciente expectativa entre diversos sectores sociales y políticos del país.
Voces críticas han expresado su preocupación ante la posibilidad de que en esta importante cartera económica se replique un modelo de gestión que, según denuncias del pasado, estuvo marcado por prácticas cuestionables durante su paso por la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) en el gobierno de Danilo Medina y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
“Vamos a esperar para ver si en el Ministerio de Hacienda no se monta una estructura de corrupción para reproducir las mismas perversidades que se evidenciaron durante su gestión anterior en la DGII”, señalan observadores que insisten en la necesidad de que la transparencia y la rendición de cuentas no sean selectivas ni dependientes del contexto político.
El Ministerio de Hacienda es uno de los pilares fundamentales de la estabilidad económica del país, y su conducción requiere no solo competencia técnica, sino también integridad y credibilidad institucional. Por eso, distintas voces de la sociedad civil y sectores vinculados al oficialismo han advertido que estarán vigilantes ante cualquier señal de opacidad o desviación del compromiso gubernamental con la lucha contra la corrupción.
La designación de Díaz se produce en un momento clave, en el umbral del segundo mandato del presidente Abinader, en medio de debates sobre reforma fiscal, reestructuración del gasto público y sostenibilidad de la deuda. Esto aumenta la relevancia del rol del Ministerio de Hacienda y eleva el escrutinio sobre quienes lo dirigen.


