
Santo Domingo.- Hablar de José Luis Corripio Estrada es referirse a una historia marcada por el trabajo, la visión empresarial y el profundo agradecimiento hacia la República Dominicana, país que lo acogió cuando apenas era un niño y que con el tiempo se convirtió en el escenario de su éxito.
El reconocido empresario llegó al país junto a su familia como inmigrante español, viajando en la tercera clase de un barco en medio de un contexto marcado por conflictos políticos y crisis económicas en Europa. Aquella travesía representaba una apuesta por un nuevo destino en una isla que, décadas después, sería testigo del crecimiento de uno de los grupos empresariales más influyentes del país.
Lejos de iniciar su trayectoria en grandes oficinas corporativas, la historia de don Pepín comenzó con el esfuerzo y la determinación de una familia que decidió sembrar oportunidades en tierras dominicanas. Con el paso de los años, esa siembra se transformó en una sólida trayectoria empresarial basada en disciplina, visión de negocios y perseverancia.
Durante un encuentro con el equipo del proyecto Migrantes, Corripio abrió las puertas de su hogar y compartió recuerdos de los inicios de su familia en el país. Con entusiasmo y evidente emoción, relató cómo sus padres iniciaron ese camino que luego él, junto a su esposa, hijos y nietos, han continuado cultivando con dedicación.
A pesar de conservar su acento español, el empresario expresa un profundo sentimiento de pertenencia hacia la nación que lo vio crecer. Su discurso sobre el país está cargado de gratitud y convicción, reflejando un patriotismo que, según quienes lo conocen, es tan dominicano como el plátano.
La historia de don Pepín Corripio se ha convertido en un referente del impacto de la inmigración en el desarrollo económico del país y en un ejemplo de cómo el esfuerzo, la visión y el agradecimiento pueden transformar una travesía incierta en un legado empresarial y familiar duradero.


