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EDITORIAL La delincuencia recibió el mensaje: el Estado va tras ella, “se entregan o no vivirán…”

En la República Dominicana parece estar surgiendo un nuevo lenguaje frente a la delincuencia: menos contemplación, más autoridad y una advertencia que comienza a escucharse con fuerza desde la más alta dirección del Estado.

El presidente Luis Abinader fue categórico al dirigirse a quienes desafían la ley: “Que se entreguen… si no se entregan, les va a ir peor”. Días después, el nuevo director general de la Policía Nacional, mayor general Ernesto Rodríguez García, elevó aún más el tono al señalar que los delincuentes tienen dos caminos: “se entregan o dejan de delinquir”, advirtiendo que las autoridades irán tras ellos sin importar dónde intenten esconderse. (El Guardián)

No parece una simple coincidencia discursiva. Presidente y jefe policial están hablando un lenguaje semejante frente a uno de los problemas que más angustia provoca en las familias dominicanas: la criminalidad. Uno advierte. El otro asegura que los buscarán. Y el mensaje que llega a las calles es inequívoco: quien decida vivir al margen de la ley debe saber que el Estado tiene la responsabilidad de perseguirlo, apresarlo y ponerlo a disposición de la justicia.

Pero hay una línea que nunca puede cruzarse. La firmeza contra el crimen tiene que caminar acompañada del respeto absoluto a la Constitución, al debido proceso y al derecho a la vida. Combatir la delincuencia no significa sustituir los tribunales ni convertir la persecución policial en una sentencia anticipada. Precisamente por eso llaman la atención los denominados “intercambios de disparos”, expresión que durante décadas ha generado debates, interrogantes y cuestionamientos en la sociedad dominicana.

Cada actuación policial en la que una persona pierde la vida debe quedar sometida al escrutinio correspondiente y a investigaciones transparentes. La autoridad del Estado se fortalece cuando actúa con firmeza, pero también cuando demuestra que su fuerza está limitada por la ley. Los delincuentes deben entender que la República Dominicana no puede convertirse en territorio fértil para matar, atracar, asaltar, extorsionar, aterrorizar comunidades o desafiar impunemente a las autoridades.

Pero también los ciudadanos deben tener la certeza de que la seguridad pública será defendida dentro del marco institucional. La sincronía entre Luis Abinader y Ernesto Rodríguez García plantea una nueva etapa en la estrategia de seguridad. El mensaje está colocado sobre la mesa. Entréguense. Dejen de delinquir. Porque el Estado irá tras quienes violen la ley. Ahora corresponde demostrar que detrás de las palabras existen inteligencia policial, prevención, investigación criminal, presencia territorial, fortalecimiento institucional y capacidad real para llevar a los responsables ante los tribunales.

Porque un país seguro no se construye únicamente con advertencias. Se construye cuando el delincuente sabe que será localizado; cuando la víctima sabe que será protegida; cuando el policía sabe que tendrá respaldo para cumplir la ley; y cuando toda la sociedad sabe que, por encima del crimen y también por encima de cualquier exceso, manda la Constitución de la República Dominicana.

La delincuencia recibió el mensaje. Ahora el país espera los resultados.

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