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Crisis en Haití y fin de la estabilidad económica se agrava tras vencimiento de acuerdos comerciales con EE.UU.

SANTO DOMINGO. –  El vencimiento, el pasado 30 de septiembre, de los programas estadounidenses HOPE y HELP —que por casi dos décadas garantizaron exportaciones libres de aranceles de textiles haitianos al mercado norteamericano— constituye un golpe devastador para la ya frágil economía del vecino país. La decisión del Congreso estadounidense de no renovar estos acuerdos amenaza con borrar la última gran fuente de empleo formal de Haití y precipitar al país hacia un vacío económico de consecuencias imprevisibles.

Se trata de un retroceso histórico. Desde 2006, y con mayor fuerza tras el terremoto de 2010, estos programas atrajeron inversión extranjera y dieron vida a un sector que llegó a emplear a 60,000 trabajadores en 2021, produciendo vestimenta para marcas globales como Hanes, Calvin Klein, Gap y Victoria’s Secret. El cierre de esta vía significará el colapso de decenas de fábricas, la pérdida de miles de empleos y un agravamiento de la ya insoportable crisis social.

El impacto no se limitará a Haití. La presión migratoria aumentará inevitablemente, tensionando aún más las fronteras de República Dominicana y generando una nueva ola de inestabilidad regional. Se trata de un efecto dominó que los legisladores estadounidenses parecen haber ignorado, o peor aún, considerado irrelevante frente a sus propios intereses políticos internos.

Resulta incomprensible que la comunidad internacional, que ha reiterado discursos sobre la urgencia de apoyar a Haití, permanezca indiferente frente a la desaparición del único respiro económico que sostenía a miles de familias. Dejar caer a Haití en este vacío no es una omisión menor: es una renuncia consciente a prevenir la profundización de la miseria y la violencia.

Estados Unidos y sus aliados no pueden clamar por estabilidad en Haití mientras retiran las herramientas básicas que la harían posible. Si de verdad se busca evitar que el país colapse en la anarquía, no bastan discursos ni resoluciones de seguridad: se necesita mantener vivas las condiciones mínimas de empleo y sustento para su población.

De lo contrario, Haití no solo enfrentará un desastre económico y social sin precedentes, sino que arrastrará consigo a toda la región hacia una crisis de mayor alcance.

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