Opinión

El PRM y el PRD: Dos caras de la misma moneda política

SANTO DOMINGO. – Dicen que el PRM y el PRD son prácticamente lo mismo estructuralmente: partidos que se devoran internamente y que siempre han estado marcados por luchas intestinas. Son, como muchos los describen, “gérmenes políticos que se fagocitan entre sí”.

El actual PRM no ha sido diferente. Ganó en 2020 y se reeligió en 2024 más por los errores de la oposición —que presentó candidatos rechazados incluso en sus propios hogares— que por sus propios aciertos. El triunfo llegó con una abstención cercana al 40%. Sin embargo, el panorama para 2028 luce radicalmente distinto: la población parece decidida a votar hasta “por Satanás”, aunque en la Biblia su significado sea otro, con tal de provocar un cambio de poder.

Un presidente cansado y solo

Según analistas, el presidente Luis Abinader ya ha perdido poder político, y no solo por las circunstancias, sino por falta de voluntad para luchar en un escenario adverso. Cada problema que resuelve parece abrir la puerta a veinte nuevos conflictos.

Durante los dos primeros años de su gobierno, apenas permanecía media hora en Palacio. Hoy, aseguran fuentes cercanas, la situación es peor. El mandatario estaría agotado, abrumado y hasta deprimido, evitando enfrentarse de lleno a un entorno político que lo ha traicionado.

Para sobrevivir, ha buscado integrar funcionarios extra partidarios, mientras los suyos —que solo trabajan para sus propios intereses— desobedecen e ignoran sus directrices. En Palacio Nacional, dicen, Abinader gobierna prácticamente solo.

La “Semanal” que desgasta

Otro factor que ha debilitado su imagen es la llamada “Semanal” presidencial. Lejos de fortalecerlo, esta rueda de prensa le estaría restando energía y credibilidad. Se ha convertido en un escenario donde sus adversarios internos lo empujan a declaraciones imprecisas, con preguntas dictadas por periodistas que terminan exponiéndolo al ridículo.

Del otro lado, una prensa que mezcla lambonería con oportunismo solo agrava la percepción de un presidente sin logros visibles, cansado, aburrido y hastiado de su propia gestión.

En un país marcadamente presidencialista, esta combinación de desgaste, aislamiento y desconexión con la realidad social es sumamente delicada. Si el PRM no corrige el rumbo, el 2028 podría marcar el fin de un ciclo político y el inicio de un cambio radical de poder en la República Dominicana.

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