NacionalesPolítica

Entrevista al director del INTRANT Milton Morrison genera críticas por falta de respuestas y posible conflicto de interés mediático

Santo Domingo. — La reciente entrevista ofrecida por el director del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), Milton Morrison, ha dejado más dudas que respuestas entre la opinión pública. En lugar de brindar explicaciones claras y directas sobre los cuestionamientos que enfrenta su gestión por presuntos actos de corrupción, el funcionario optó por un espacio cómodo, sin preguntas difíciles, y difundido a través de un medio que, según trascendidos, habría recibido un contrato publicitario por más de 15 millones de pesos poco antes de su emisión.

Este contexto ha provocado una ola de críticas, no solo por el contenido de la entrevista, sino también por la estrategia utilizada para abordar temas que afectan directamente la credibilidad de la institución y del gobierno del presidente Luis Abinader.

La transparencia y la rendición de cuentas no deben estar condicionadas ni maquilladas con entrevistas complacientes. Mucho menos cuando se manejan recursos públicos y cuando se ha prometido, desde la más alta instancia del poder, combatir la corrupción sin distinción.

En otros momentos políticos y con otros gobiernos, esta situación habría sido objeto de duros señalamientos por parte de los mismos sectores que hoy guardan silencio. La selectividad en la crítica también es una forma de corrupción, más sutil, pero igual de dañina.

El presidente Luis Abinader ha reiterado en múltiples ocasiones su compromiso con la transparencia y la integridad en la administración pública. Por ello, debe prestar atención a lo que está ocurriendo en instituciones como el INTRANT, donde la percepción ciudadana empieza a inclinarse peligrosamente hacia la desconfianza y el desencanto.

Las formas importan. La ciudadanía no solo espera funcionarios técnicos y eficientes, sino también éticos, valientes y dispuestos a dar la cara ante el país en espacios abiertos, plurales y sin condiciones. De lo contrario, se corre el riesgo de que el poder sea utilizado para proteger intereses, blanquear reputaciones o comprar silencios.

Comenta esta noticia

Botón volver arriba